Literatura y arte

desde el centro

del Mundo.

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Cuentos de la Ciudad

El Brichero.

Por la mañana salió a caminar y despejar la mente, estaba aburrido y cansado de estar en casa, así que decidió buscar trabajo y retomar sus estudios. Había pasado más de un mes desde su llegada, ya había descansado lo suficiente y procesado psicológicamente su experiencia en el viejo continente, era tiempo de volver a empezar, así que se cambió, y lleno de entusiasmo y renovados deseos se lanzó a las calles.

Lo primero que tendría que hacer era conseguir trabajo, pues tenía que sufragar sus estudios, así que se fue a dar una gran vuelta por la ciudad, compró el “Diario el Sol” en busca de algún trabajo, pero no encontró nada adecuado. Mientras daba vueltas y vueltas por la ciudad, se dio cuenta que a pesar del supuesto progreso, la ciudad de Cusco seguía siendo un pueblo grande, que ofrecía pocas posibilidades. Luego de unas horas, se dio cuenta que estaba de nuevo en el principio, otra vez viviendo en Cusco, en la misma habitación de la casa de su abuela y en la misma situación económica, sólo que dos años más viejo.

Armando se había prometido a sí mismo no volver a involucrarse con gringas, así que la alternativa de volver a su antiguo oficio de brichero, estaba temporalmente fuera de su espectro de posibilidades.

***

Luego de dos años de convivencia, Armando estaba harto de la gringa y ella estaba harta del brichero cusqueño, a quien se llevó con la esperanza de que sería el amor de su vida. La verdad de las cosas es que Armando se agarró a la gringa con el objetivo de sacarle dinero y largarse del país. Para Helen Klein era la oportunidad que creía haber hallado de volver a casarse a los 56 años, con un hombre fogoso y latino que la trataba como a una Diosa.

Cuando Helen se animó a llevarse a Armando, pensó: “Por un tiempo le daré todo el dinero que quiera, pero luego lo pondré a trabajar en una factoría y él me dará dinero a mí”. La alemana Helen estaba pensando con las hormonas, con su cuerpo sediento de amor y pasión, a punto de pasar al retiro definitivo. La verdad es que Helen estaba pensando en poner a trabajar al brichero, convertirlo en su esclavo sexual y hasta llegó a pensar en prestarlo a sus amigas, cual si fuera un semental latino.

El plan de Armando era darle tanto sexo como fuera necesario a cambio de dinero y más dinero, para vivir cómodamente en Alemania, tener amantes, enviar dinero a su familia y sacarle todo lo posible, hasta dejar a la gringa exhausta y seca como una pera de agua envejecida, tanto en lo físico como en lo económico.

Las cosas, sin embargo, no resultaron tal cual ambos habían pensado. Armando no cambió, no aceptó trabajar en ninguna factoría, sino que se dedicó a vivir la vida fácil, total, en Cusco era un vago redomado que vivía de discoteca en discoteca y de cama en cama, complaciendo a las gringas turistas. En el viejo continente la cosa no cambió mucho, se dedicó a divertirse, a tener amantes e ir de parranda en parranda y de aventura en aventura.

Para Armando las cosas tampoco resultaron tal como las había planeado. Helen no era la vieja rica que él creyó, resultó que vivía una magra pensión del estado alemán, así que el dinero que podía obtener de ella no era mucho, tuvo que arreglárselas bricheando, vendiendo collares y haciendo tatuajes étnicos a los alemanes. Encima, la gringa Helen, resultó ser una vieja adicta a las perversiones sexuales, de forma tal que Armando terminó siendo su juguete sexual.

Un buen día ambos llegaron al hartazgo, no se decían nada por vergüenza mutua, pero la disolución era cuestión de días. Una de esas noches, Armando llegó con varios tragos encima y discutió amargamente con Helen, ambos se mandaron al diablo y el asunto terminó con Armando en la calle, con un boleto de avión para la ruta: Hamburgo-Lima y 1,500 euros –sólo a efectos de que no le cause más molestias a Helen- Y así fue, Armando dejó la casa de Helen, y sin mayor remordimiento ni culpa, luego de dos años de su partida, regresó a casa.

***

Los días y las semanas fueron pasando, hasta que Armando se dio cuenta que para él no había más trabajo que el de “Ayudante”, “Jalador”, “Volantero”, “Stewart”, “Bell Boy” o algo así, trabajos que no le permitirían estudiar, ni vivir, ni nada, estaría arruinado año tras año, mirándole la cara al dueño del negocio.

Harto y aburrido de la situación, una de esas noches se fue a la Plaza de Armas. Ni bien se puso a caminar por los portales, se sintió como un felino en la selva, es decir, en su elemento. Se quedó a pasear, entró a uno y otro local nocturno, se encontró con los viejos amigos; pero lo más importante es que se encontró consigo mismo. Estaba en su ambiente, allí, en el mundo de la Plaza de Armas y los locales nocturnos estaba su camino.

Rápidamente se puso al día, circuló por uno y otro local nocturno en busca de su presa, y la halló. Con tanta facilidad la conquistó que luego de una hora ya estaba encaballado con la nueva gringa. Esta vez se trataba de una joven rubia, oriunda de Texas, llamada Cintia Andersen, que decía ser hija de un petrolero. En pocas horas Armando ya le había sacado doscientos dólares, con uno de esos cuentos de bricheros. Luego de la vueltita por el hotel pasaron la noche en el Pub “Ukukus”, conversando alegremente, tomando trago tras trago y llenándose la cabeza de ilusiones.

Ya de madrugada, mientras volvía a casa con las manos en los bolsillos, acariciando los doscientos dólares logrados en la jornada, Armando pensaba en lo bien que le iría esta vez, en lo fácil que caerían las gringas ahora que hablaba alemán. En su cabeza daba vueltas aquel sabio dicho popular: “Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada…”

FIN.
Escrito en Cusco. 2006. - Autor: David Concha Romaña


José Luís Morales Sierra. "Tráfico por la tarde"

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