Literatura y arte

desde el centro

del Mundo.

Literatura y arte

desde el centro

del Mundo.


Cuentos Mundanos

El Avatara.

Llegó el Gran Dalai Lama a la ciudad de Cusco. Este hombre es una autoridad espiritual de oriente, alguien como el Papa. Bueno, lo cierto es que ofreció una conferencia en el nuevo anfiteatro de la Municipalidad Central.

Yo estaba dando vueltas por el centro de la ciudad, así que decidí entrar y escuchar al sabio. Su mensaje fue alentador, habló de la paz universal, del amor fraterno, de su respeto hacia Jesús el Cristo, del futuro de las culturas, de la importancia de la cultura Inca, y de otros importantes temas. Fue un buen discurso, nos dejó valiosas palabras de sabiduría.

Terminada la conferencia, los huachafos de siempre, rodearon a Dalai Lama. Estos señores son una sarta de “deidades” locales: místicos, brujos, religiosos, algunos antropólogos y otros sujetos que creían tener el derecho privilegiado de seguir conversando con el Dalai Lama. La verdad es que no hay nada de malo en todo esto, supongo que es legítimo que alguien desee continuar sus conversaciones con tan notable personaje. Lo que no me gustó es que muchos de ellos estaban vestidos con trajes especiales: túnicas andinas, flores en la cabeza, algunos llevaban cruces, varayocs, cetros y toda suerte de huachaferías y todo para llamar la atención del Dalai Lama.

Me fui del lugar, pues terminada la conferencia, a parte de reír un momento gracias al espectáculo de los infaltables huachafos, no había nada más que valiera la pena. Estaba saliendo cuando escuché el llamado de unos conocidos. Volteé y me encontré con unos amigos que venían rodeando a uno de los huachafos que vestía una larga túnica blanca. Los esperé un momento a que llegaran. Me invitaron a una velada en la casa del huachafo.

Bueno, una velada, ¿por qué no? Así que nos encaminamos rápidamente hacia la calle del Triunfo y entramos a una de esas grandes casas. Saludé al sujeto vestido con túnica, pues, era lo mínimo que podía hacer. Yo era un invitado y al parecer él lideraba al grupo, además mostraba una actitud tan distante y dominante, que me hubiera creado un mal ambiente pasándolo por alto. La verdad es que al verlo así, ataviado con una túnica, el cabello largo, las barbas crecidas y hasta unas sandalias de cuero, en cierto momento me pregunté: “¿Quién mierda se cree este huevón?”

Bueno, bueno… nos reunimos en un salón, alguien colocó música espiritual y prendió unos inciensos para darle al ambiente un toque místico, propicio para la ocasión. Mis amigos me informaron que la idea era conversar un poco sobre la llegada del Dalai Lama y escuchar algo del mensaje del “Hermano Mayor” (así llamaban al sujeto de la túnica). Al principio estuvimos hablando de generalidades, hasta que el tema se impuso por sí mismo, hablamos de religiosidad, misticismo, del nuevo milenio, la Era de Acuario, la evolución del hombre, Dios, etc.etc. El “Hermano Mayor” no hablaba casi nada, asentía de rato en rato con una sonrisita cojuda, esa actitud me pareció de lo más antipática.

Habría pasado una media hora, hasta que a alguien se le ocurrió encender un cigarrillo, y como nadie reclamó, ni siquiera el “Hermano Mayor” dijo nada, entonces, varios decidimos fumarnos un pucho. Al poco rato a alguien más se le ocurrió la feliz idea de proponer comprar unos piscos, para calentar la fría noche y matizar la conversación. Pensándolo bien, es una muy mala idea mezclar misticismo con tragos. Bueno… total, por mí estaba bien tomarse unos tragos en una noche de viernes.

Luego de reunir una generosa cuota, la comisión regresó a la casa con tres botellas de Pisco “Biondy” para las 10 personas que estábamos conversando. La conversación se puso animada. El “Hermano Mayor” aceptó de buen agrado unos tragos y ¡Oh milagro! Al cabo de unas cuantas copas, comenzó a hablar como un loro descosido. Nos enfrentamos en una acalorada discusión sobre misticismo. El tipo despotricó contra Sergé Raynaud de La Ferriere, contra María Blavatsky y otros místicos, criticó ácidamente al Dalai Lama, indicando que a él le había parecido un payaso venido de oriente.

Poco a poco, en la medida que la reunión avanzaba y los tragos también, la gente se puso acalorada. La conversación se puso fuerte, pues nuestro amigo, el “Hermano mayor” se puso intransigente, defendía a capa y espada la teoría de que el Cusco es el lugar donde se hallaba originalmente el paraíso perdido. Sostuvo esas teorías que hablan de la Atlántida, afirmando que Cusco fue la capital del continente perdido. A decir verdad, esas teorías están llenas de especulaciones, acomodos de datos y mescolanzas increíbles. Me puse a discutir más que por incredulidad, por tener algo de qué hablar y seguir escuchando las alucinantes especulaciones de nuestro amigo.

En cierto momento, bastante avanzada la noche, como siempre, el trago se acabó. Sí señores, se acabó. De los diez tigres que éramos al principio, sólo quedábamos, el “Hermano mayor”, yo y dos amigos. Nos miramos las caras, entonces comprendí, saqué unos billetes y le encargamos a los dos amigos que se den un saltito por la Plaza de Armas y traigan un buen pisco. Los borrachines, entusiasmados se fueron corriendo a comprar la valiosa mercancía.

Me quedé conversando animadamente con el “Hermano mayor” quien se encontraba en una borrachera bien avanzada. En cierto momento, le pregunté burlonamente:

-Y, ¿por qué la túnica y todo este atuendo, eh?
-No se lo puedo decir a nadie, pero ya que hemos conversado tan interesantemente, a ti te lo voy a revelar. -Me habló parándose e intentando ponerse serio-. Tengo una misión, debo revelar la verdad a la humanidad en esta nueva Era. ¡Yo soy el Avatara de la Era de Acuario!”.

Increíble amigos lectores. ¡Ese payaso se creía el Avatara de la Era de Acuario!

Fue tal mi reacción de sorpresa, que solté el vaso y casi me ahogo de la risa, tanto que tuve que retirarme al baño para calmarme un poco. Al volver ya calmado, los amigos estaban nuevamente en la casa, brindando con nuestro amigo. Cuando ingresé nuevamente a la sala, nuestro amigo me miró y me dijo:

-Será mejor que te guardes tus risas y respetes lo que acabas de conocer.
-Claro, claro, no te preocupes. –Le respondí calmándolo.

Continuamos la conversación por un rato más, hablando del infaltable tema de la Era de Acuario. En ese punto el tipo sí que se puso insoportable, habló de su misión vociferando y fumando como un loco.

Finalmente, se terminó la reunión y nos despedimos. Uno de los amigos me invitó a comer algo por el centro. Cuando el “Hermano mayor” escuchó la propuesta, inmediatamente se unió a nosotros, diciendo que él también estaba de hambre y quería ir a comer algo. Yo le dije que la pasaría muy mal con esa túnica. No hizo caso y fuimos a comer.

Al salir de la casa, parece que la negrura de la noche y el frío le afectaron. Nos detuvo y en cierto momento se sentó en la vereda y luego se recostó en el suelo. De no ser por nosotros, se hubiera quedado dormido en la calle, por borracho.

Haciendo un esfuerzo lo levantamos y lo condujimos a la sala de la casa donde tuvimos la reunión, pues era suya. Lo dejamos tirado sobre uno de los sofás. Mientras lo acomodábamos para que durmiera, le escuché repetir una y otra vez:

-Ya lo sabes…Ya lo sabes…
-Saber qué. ¿Qué eres el Avatara de la Era de Acuario? -Le dije acercándome.
-Sí, justamente.
-Claro, como no…

Salí molesto, en busca de unos sándwiches o algo para comer. Entonces, riéndome y renegando al mismo tiempo, pregunté a mis amigos:

-¿Sabían que ese tipo se cree el Avara de la Era de Acuario?
-¡Jajajajaja! -Se rieron sonoramente. –Claro que se cree el Avatara. ¿Para qué le llevas la contraria? ¿Acaso no te has dado cuenta que es un borracho desquiciado?

FIN.
Escrito en Cusco. 2006. - Autor: David Concha Romaña


Erika Madrid. "Retrato"

Galería Virtual